Publicado originalmente en la revista Estrategias, 2000
Recuperado: octubre de 2026
En 2000, internet prometía a los profesionales del marketing directo segmentación, interactividad y respuesta inmediata. Navegando, me encontré con una página que aplicaba todo eso mejor que muchos de nosotros. Era un timo.
Forma parte de la serie de textos que reuní en 2008 en una selección de artículos y que ahora recupero en (DI)SECCIÓN tal cual se publicaron; solo he ajustado la tipografía.
El artículo original (2000)
En la Red, como en la viña del Señor, hay de todo. Sodoma y Gomorra están a un clic de distancia de Torreciudad. Y el hijo pródigo casi no vuelve a casa porque se quedó a tomar algo en el sitio web de Jack Daniel’s.
Todos mirábamos hacia delante. Veíamos en internet la herramienta que nos permitiría a los profesionales del marketing directo dar el salto hacia el próximo siglo: segmentación, interactividad absoluta, canal de respuesta directo, público de alto nivel… y, quizás (y Dios y Santiago Rodríguez me perdonen), una cierta «dignificación» de nuestro sector. Ahora podríamos separarnos de los «productos milagro», marcar diferencias con lo cutre. Porque, si bien en publicidad también existe esta cruz, por lo menos no te piden por ella 4.995 ptas. contra reembolso.
Pero he aquí que, navegando, me encuentro con este enlace: «TRABAJE DESDE CASA».
Clic.
http://www.trabajedesdecasa.com
Una foto de una maravillosa mansión en pleno campo y…
A partir de aquí, parece que entremos en la «Guía virtual sobre cómo realizar una carta de marketing directo ideal». No falta de nada: destacados, testimoniales, cifras, incentivos… todo. El único detalle que no encontraremos, por mucho que releamos una y otra vez la carta, es qué hay que hacer para ganar ese dineral (y, obviamente, es una omisión interesada). Nada nuevo. Solo que la picaresca evoluciona con los tiempos y en el sobre del tontito, en lugar de recortes de papel de periódico, hay megabytes virtuales (que, por no servir, ya no sirven ni para envolver el bocadillo).
Lo chocante no es el grado de desarrollo de estos nuevos lazarillos de la era digital. Lo que sí me llama la atención es que se hayan estudiado a fondo esto del marketing directo. Incluyen en sus envíos cosas que muchas veces se nos olvidan a los demás (a los que nos ganamos «honradamente» el pan campaña a campaña) y que, por otro lado, está archidemostrado que funcionan. Aunque, siendo sincero… ¿no será porque ellos comen directamente de lo que arañan a cada uno de los incautos? Y ya se sabe: cuando te juegas el pan de cada día, no dejas al azar ni un solo detalle.
Porque lo jodido es que, timo o no, está muy bien hecho.
Epílogo desde 2026
La página de la mansión en el campo ha cambiado de soporte unas cuantas veces: del correo basura al SMS, del SMS al WhatsApp del «hola, papá». La carta sigue teniendo destacados, testimonios, cifras e incentivos. Y sigue sin explicar cómo se gana el dinero.
La lección de entonces vale igual hoy: los timadores aplican las reglas de la persuasión con más disciplina que muchas marcas, porque se juegan el pan en cada envío. Conviene estudiarlos, aunque sea para saber dónde está la línea.
Si quieres revisar tus cartas, correos o páginas con la disciplina de quien se juega el pan en cada envío, escríbeme.
