Publicado en LinkedIn, 10 de diciembre de 2021
Recuperado: octubre de 2026
A finales de 2021 Clubhouse se desinflaba, los NFT y el Metaverso eran la conversación de cualquier sobremesa sectorial y el marketing digital seguía hablando, sobre todo, de sí mismo. Escribí este artículo en LinkedIn sobre esa endogamia: la del sector que busca unicornios mientras pierde la calle.
El artículo
Hace muchos años tuvimos un cliente que decía algo así como «Los creativos, cuando os dan despacho propio y empezáis a ganar dinero, dejáis de coger el autobús. Es cuando la cagáis».
También decía que los creativos «meábamos Chanel».
Gran tipo, Ángel.
Nunca he olvidado estas dos frases, pero es que es algo que cada vez veo más a menudo. Lo del Chanel no lo he visto claro, tampoco olido, que es una metáfora. Pero hace unas semanas, en un grupo de Facebook al que me asomo de vez en cuando, el Club del Copywriting, un entrepreneur preguntaba por revistas de negocios e inversión.
Ahora leo en El País un interesante artículo de Montse Hidalgo sobre cómo se desinfla la burbuja de Clubhouse, que no es la primera ni será la última. Pero hay una frase en ese artículo que me llama, mucho, la atención. Cuando el locutor y podcaster Juanjo Rengel entra en Clubhouse se encuentra con que «era todo charlas de marketing, de gurús, de cómo potenciar tu bio de Instagram, cómo utilizar LinkedIn…».
Y creo que ambas tienen mucho que ver, y que son parte de nuestra obsesión marketera por buscar un unicornio que solucione los problemas de las marcas, como si fuésemos alquimistas del engagement. Vamos como locos a todo lo nuevo y, una vez dentro, pensamos (o queremos pensar y/o creer) que todo el mundo está ahí, y creamos nuestra propia burbuja endogámica. Basta una frase de Musk para que el universo Silicon Valley y el del marketing digital se revolucionen, que al fin y al cabo somos primos hermanos. Nosotros más primos que hermanos, diría yo.
Los emprendedores estartaperos solo hablan de rondas de financiación, de elevator pitchs y de growth hacking y, mientras leen el Business Insider y la Forbes, esperan su business angel o un Google cualquiera que pase por allí, se fije en ellos y les compre. Los de marketing construyen funnels esperando que buyer personas tan idílicos como prefabricados, para que se ajusten al brief, traguen. Las agencias nos empeñamos en hacer algo que salga en los medios del sector, no sé, una lona en Madrid, por poner un ejemplo, o algo «acojonante», o una acción de esas de «pongaaquísumarca lo vuelve a hacer», avalada por un vídeo en el más puro case study con locutor animoso y muchos likes de archivo y subiendo.
El Señor Lobo ya nos advirtió de que no lo hiciésemos.

Además de eso de no chuparnos las dicks (o lo que cada cual tenga a bien) todavía, nos podía haber advertido de lo del retargeting, también es cierto.
Parece que, ahí fuera, el bitcoin y los NFT pagan el pan, y que la gente ha pasado el puente en el Metaverso en lugar de en una casa rural en Asturias o un apartamento en Torrevieja, Alicante. Que confundimos las Love con las Meaningful, que Apple mola pero, para todo lo demás, Mercadona. Que queremos crear comunidad en Instagram alrededor de una clínica especializada en urología (real, que es que igual soy buyer persona), que es imprescindible descargar una app que controle y monitorice nuestro tracto intestinal (idea de negocio), que hay que abandonar las zonas de confort cuando, como el apartamento en Torrevieja, Alicante, lo que te pide el cuerpo es una alarma de Securitas Direct, no vaya a ser que te la okupen.
Y luego nos preguntamos por qué hemos perdido la calle, por qué no somos relevantes, por qué nadie nos quiere, ni nos puede ver (la magia de los adblockers).
Nos ciega el onanismo, nuestro Metaverso sectorial, nuestro ir como pollos descabezados, nuestra búsqueda de las fórmulas mágicas de la viralidad, que ya hace tiempo nos enseñó Carlos Chaguaceda que no existen.
Nos falta calle y nos sobra tontería.
Epílogo desde 2026
Cinco años después, Clubhouse es una nota a pie de página, los NFT ya no pagan el pan de nadie y el Metaverso se quedó con las salas vacías. La burbuja de turno es la inteligencia artificial, y en los grupos de copywriting se habla de prompts con el mismo fervor con el que entonces se hablaba de funnels.
Ángel tenía razón. Sigo cogiendo el autobús.
Sobre gurús y burbujas escribí también «Una docena de gurús que no quiero ser» (2011), y sobre la viralidad que nadie fabrica, la entrevista de Tendencias2 (2015).
Imagen: Teseo y el Minotauro, mosaico romano de Recia (Wikimedia Commons).
