Publicado originalmente en la revista Estrategias, julio de 1999
Recuperado: octubre de 2026
En 1999 todavía cobrábamos en pesetas y yo trabajaba en marketing directo. Ese verano escribí para la revista Estrategias esta fábula del fontanero, inspirada en lo que veía a diario en los concursos de agencias.
Es uno de los textos que reuní en 2008 en una selección de artículos y lo recupero sin tocar una coma de fondo; solo he ajustado la tipografía.
El artículo original (1999)
Llevo varios días con el grifo de mi bañera perdiendo agua en cantidades que ya me empiezan a preocupar. Para solucionar el problema he decidido tomar como modelo lo que veo diariamente en este nuestro sector y que parece ofrecer excelentes resultados.
De entrada, voy a llamar a 23 fontaneros y citarles un día en mi casa. Una vez allí, les explicaré el problema e incluso les dejaré entrar en el baño y observar cómo el agua sale por el grifo y se desliza hasta la cañería. Tampoco durante mucho tiempo. Con 2 o 3 minutos creo que bastará. Eso sí, a cada uno de ellos les daré un detallado briefing explicándoles el objetivo: que mi grifo deje de gotear. El target: yo. El presupuesto: 4.500 ptas. (IVA incluido). Y la fecha límite de entrega: en 48 horas.
Una vez entregado el material, observaré que no falte nada: certificado de autónomos, justificante del pago del IVA durante los últimos 12 años, nota media en FP y certificado de penales. Perfecto, los que pasen esta prueba serán convocados y tendrán media hora para explicarme su proyecto: el timing de la obra (con posibles acciones futuras si hubiese lugar a ello), la estrategia que piensa seguir para que mi grifo no pierda ni una sola gota más y, por supuesto, espero que traigan una maqueta lo más detallada posible en la que se vean las cañerías por dentro, un grifo como el mío por el que sale agua (a ser posible de color azul claro, como los de los anuncios de compresas) y cómo, después de sacar una llave del 5, el grifo milagrosamente deja de gotear mientras el ruido del agua es sustituido por un maravilloso jingle.
Me tomaré un par de días para reflexionar (el ruido del agua es demasiado molesto para permitirme un plazo más amplio) y después llamaré al elegido. Por supuesto, a la mañana siguiente mi ducha deberá estar en perfecto estado de revista.
Aunque mucho me temo que la solución que me darían para que el agua no hiciese ruido ni corriese hasta el desagüe pasa porque me metiese la ducha, el grifo (y puede que la instalación completa) por donde ya saben.
Epílogo desde 2026
Veintisiete años después, las pesetas se han convertido en euros y la maqueta en una presentación con vídeo, pero los concursos siguen pareciéndose mucho a mi cita con los 23 fontaneros: muchos convocados, poco tiempo para entender el problema y un trabajo que se entrega gratis antes de saber si se va a pagar.
Ahora hay además una coartada nueva: «con la inteligencia artificial esto se hace en un rato». Generar propuestas es cada vez más rápido. Decidir cuál arregla el grifo sigue llevando el mismo tiempo, y sigue costando lo mismo: oficio, criterio y conocer bien la casa.
Mientras tanto, el grifo sigue goteando.
Si tienes un grifo que gotea y prefieres contárselo bien a un solo fontanero, escríbeme.
